viernes, 31 de enero de 2014

You let her go (finished)

Sentada encima de su maleta y el resto del equipaje de sus compañeras de cuarto, ella esperaba a que magnetizaran su llave, había sido la única con el problema de la tarjeta llave y sus compañeras en vez de quedarse a su lado se fueron por ahí con los demás. Yo personalmente me les hubiera acompañado si no me hubiera tocado junto a otros revisar que todo estuviera bien y que si había un problema con algo relacionado a la estadía debía resolverlo. Ella descansaba la barbilla en su mano, me acerque y ella se tenso desde que sintió mi presencia, pero, se relajó y me miro en busca de respuestas y con mucha razón, nunca me le acerque para nada bueno, ella concordaba con la reacción que esperaba, lo que no esperaba era esa mirada preocupada y esa natural confianza con la me pregunto si todo iba bien, no le dije en cambio solo mentí. Ella rio dándose cuenta de que todo había sido mentira yo la seguí en aquella risa con toda confianza una que recuerdo que compartimos una vez en su cumpleaños. Me senté a su lado ella se tenso nuevamente... no la culpaba yo la había malcriado.
Después de un largo rato, una conversación demasiado común para ambos, unas personas que ni permiso se desean cuando se veían en el mismo camino, personas que si acaso se miraban. Todo lo anterior se había ido a la mierda mientras hablábamos de un millón de cosas estúpidas que no tenían nada que ver con los que nos rodeaba, no tenía nada que ver conmigo, no tenían nada que ver con ella y al cabo de unos quince minutos ella había sido mía de nuevo o más bien estaba en eso. Otra vez me vi en la situaciones no saber el porqué la bese, esta vez pudo ser nuevamente por los shorts que usaba o también pudo ser ese sentimiento de confianza, ese alivio que me invadió. La besaba como besaría a cualquier otra, pero, ella me besaba con timidez como si quisiera seguir mi ritmo, como si no quisiera decepcionarme.
“no temas”
Sentía su miedo el miedo que yo le daba... yo la asustaba. No me sorprendía, lo entendía o eso creía, mi imperfección no era invisible, pero, hacia todo lo posible y lo imposible para ocultarla. Yo tenía miedo, yo también tenía miedo, miedo de poder sentir cosas que no estuvieran dentro de mi rango de posibilidad, sentía miedo de darle lo que siempre quiso, algo que ese día estaba dispuesto a dar.  
Yo mismo me relaje cosa que posas veces hacia y deje de besarla, la observe... ella lloraba, más bien unas cuantas lagrimas cayeron de sus ojos mientras aun sus manos adornaban mi cuello, no quiso mirarme  a los ojos pero la obligue a hacerlo, esa angustia propia de cuando me observaba, cobraba sentido. Esa angustia en su mirada era el reflejo del miedo que yo provocaba en ella y esas lágrimas realmente no sabían de donde salían, pero quiera borrarlas y lo hice, las roce con el pulgar y ella se relajo,  aquel miedo desapareció, entonces la bese en la frente marcando el comienzo de algo diferente, algo nuevo. A pesar  de tener  una cama a unos metros no quedamos en el sofá del cuarto. Ya no eran besos rápidos y llenos de euforia sino besos profundos y necesarios. Ella ya no buscaba encajar con mis besos ya todo era como una coreografía aprendía de memoria donde no era necesario el conteo, tu cuerpo sabia como debía colocarse en cada momento y como acoplarse a su compañero sin ser mesarías las palabras ni los altos improvisados aunque estos vinieran con risas tontas y coquetas. Todo era un baile de nuestras lenguas que se rosaban de vez en cuando con naturalidad propia al igual de cómo las piezas de ropa iban desapareciendo de la nada y convirtiéndose en eso mismo; nada. Sin nada de forcejeos, sin nada de bromitas pesadas, sin nada de muñequita haciendo lo que su amo quería, todo era acto sumamente voluntario. Necesario.

“amor”

No era sexo, era una necesidad mutua que no buscaba placer solo buscaba aire y ese aire era el otro. Recuerdos abordaron mi mente en forma de pensamientos, flashes de esa chiquilla que radiaba luz de su mirada  mientras un deseo se le era cumplido; que su príncipe la bese. Pero ese príncipe no era siquiera una mentira, era solo un triste experimento de una verdad, otro recuerdo de cuando a aquella chiquilla su príncipe la poseyó ¿Por qué? Porque podía hacerlo y lo hiso remarcando la triste mirada que había dejado en ella desde que él había tocado por primera vez apagando la luz que en ese sofá podía ver. Había visto a la chica de los shorts negros ajustados, había vuelto a ver ese brillo en su mirada ese que decía que este día era su día.  Ella se contraía una y otra vez contra mí al igual yo profundizaba nuestro acto, reposaba mi cabeza unas cuantas veces en su cuello cuando nos habíamos tumbado al suelo escuchando unos suaves y delicados gemidos que no había podido escuchar en mi otras veces con ella, veces en las que le había preguntado donde estaban, pero, siempre estuvieron ahí solo tenía que acercarme más a su boca. Ya sus ojos no lloraban en cambio vibraba y brillaba debajo o algunas veces encima de mí, ese momento yo la quiera tanto, la entendía tanto.
Ella no era la más bonita, ni la más rica, ni la más buena, ni la más experimentada haciendo el amor, pero, definitivamente era la más sincera; la más real. La que siempre estuvo, la que nunca se fue, la que siempre volvió, la que siempre estuvo ahí, ahí para mí.
“ella estuvo”

Ella se quedo dormida encima de mi pecho o eso aparentaba.
No quise terminar, no quise parar y aunque sabía que para ella era suficiente no pude detenerme, por esa razón no la culpaba, al contrario le agradecía por no haberme detenido a pesar de que ella había llegado a su límite y entendía que durmiera al yo terminar. Su respiración se había por fin calmado, era suave y estable todo lo contrario su cabello que ahora estaba desaliñado, pronto el aire acondicionado empezó a sentirse de forma bestial así que cargue su hermoso cuerpo desnudo a la cama y la abrace durmiéndome junto a ella. Esa fue la última vez que la tuve tan cerca.
Al despertar ella no estaba, me decepcione por un momento mi ego creyó que ella estaría ahí al despertar y fuera yo quien le dijera que se marche, lo pensé bien y no le pediría que se marchase pero realmente tampoco sabía si le pediría que se quede.  Todo transcurrió rápido y de forma anormal, me había dado cuenta cuanto la extrañaba  y de lo mucho que necesitaba su sinceridad, extrañaba su calor en ese momento, extrañaba el hecho de que ella fuese real, que siempre estuviera allí y me mataba el hecho de haberlo sabido y haberlo despreciado, que siempre intentara hacer las paces sin importar cuantas veces la humille aunque unas veces durara más que otra en curarse siempre volvía, siempre estaba y así como si nada comprendía cada segundo de estar en esa cama como siempre la había querido y de cómo necesitaba a esa persona que me ponía en lo alto y todo era porque yo la hundía cada día ¿Cuántas veces lloro por mi causa? ¿Cuántas veces nombro mi nombre? ¿Cuántos años me amo en silencio?
“amor”


Comprendía cuanto me amaba y canto realmente la quise yo, ese cesar imposible, ese joder inexplicable... ahora quien se castigaba por haberla hecho sufrir era yo, todo ese tiempo siendo un completo imbécil; ese que le seco su llanto y curo su reciente corazón sin ninguna razón aparente, aunque ahora sí tendría una para volverlo hacer y en vez de prendarme de su trasero me aferraría a su mano, me aferraría a su verdad... a mi verdad, a ella.
Todo era confuso e inmediato, apenas podía verla en fotos luciendo radiante y sobretodo distante. Pensar buscarla y decirle todo lo que pasaba por mi mente... Já, eso era realmente estúpido; que de repente mientras hacíamos el amor había descubierto lo mucho que siempre me gustaste y que me arrepiento en los huesos él ser un idiota todos estos años... yo mismo me reía en mis adentros, me sentía cliché, me sentía ridículo, me sentía patético.  ¿Y qué haría después? ¿Lloraría? Me golpearía seguramente arriesgándose a recibir algo peor a cambio, pero, no. Ella lo tomaría como una broma de mal gusto y tampoco la culparía por eso, así yo la había criado, en eso yo la había convertido con mis maltratos y de un momento a otro cuando una llamada telefónica me había avisado que era tarde descubrí que la amaba, que esas lagrimas que había derramado mientras la hacia mía por fin tenían sentido. Pss... era gracioso el giro de los acontecimientos, ahora, yo sería quien por toda la vida guardaría con culpa el amor que recién descubría, puesto que un mes después de nuestro encuentro... ella había muerto.
“muy tarde”

miércoles, 29 de enero de 2014

You let her go (2)

Un día una sombra que solo brillaba en una dirección exclusiva, brilló como el sol, una tarde en mi cama.
 Me llenaba de ira el hecho de que se negara a sucumbir ante mis propuestas sabiendo que ella innumerables veces había soñado con eso, entonces ¿Por qué se resistía a que la denudara? ¿Por qué seguía queriendo escapar? ¿Por qué se retorcía debajo de mi cuerpo como si no quisiera estar ahí? Ella siempre lo quiso, aun lo quiere. Lucho por sus prendas de ropa y mucho mas lucho por unas braguitas de niña color rosa pálido con mariposas de un rosado más intenso que seguramente no eran de su estilo y le avergonzaba enseñar. Su cuerpo desnudo, diminuto y perfecto era cubierto con el mío y ese día brilló como la noche en la que la bese, pero sus ojos rebosaban angustia una agonía  y eso a mi no me importaba... demasiado. Como la vez anterior no pude ser un cretino, no hoy, no con ella, no en su primera vez. Una primara vez que había sido arrebatada por un deseo enfermo de ella, ella que ya no me buscaba, ella que ya no le importaba, ella quería ser mi amiga  o eso era lo que decía, aunque, yo más que nadie sabía que aun deseaba eso que le hacía, ciertamente no de esa forma en la que se lo hacía, pero, era considerado fui gentil, la acurruque y lo hice lento tanto como podía sin desatenderme a mí mismo ni a su condición de virgen arriesgándome a volver a tener una relación de apenas de saber existíamos, pero, en ese momento solo quería estar dentro de ella y verle los ojos cuando se retorcía de un placer doloroso.
Le decía que no se preocupara, que si se relajaba y abría mas menos le dolería y ella sin salida entendía y lo hacía. Tontee un rato haciendo burla de algo que notaba en sus labios resecos; ella suplicaba por mis besos, pero, no se atrevía a pedirlo. Le pregunte con una gran sonrisa en el rostro y ella lo negó y lo negó, tanto que pude llegar a creer que podía ser verdad, pero, me era imposible pensarlo así, en ese momento la conocía como ninguna otra persona, conocía lo vulnerable que podía ser en ciertas situaciones, sabia lo débil que aun seguía siendo o eso mi ego creía, un ego que no podía controlar y por defecto me hacía sentir su deseo a través de su toque en mi espalda desnuda que se mantenía a una distancia prudente de admirar su abundante pecho y  a aquel lunar sin dejar aun que ella escapase. En un momento pulse de lleno mi pelvis contra la de ella  e hizo un sonido diferente al de la suplica, ahí  se abraso de mi casi alzándose por el impacto con un grito ahogado en la boca, convirtiendo eso en el momento mas tímido y mas intimo. Se fue. Yo la hice ir.
“un gemido que vino del alma, una súplica, un suspiro”

Ya los encuentros no eran pasionales y tímidos mucho menos íntimos con esos juegos de miradas, ya solo eran ella como una muñeca, mis chistes pesados y su mirada perdida con matices de tristeza que prefería ignorar y ahogar con el placer que me brindaba. No podía darle más que eso, a ella no, tal vez seguía castigándola por no ser esa de hace unos años o ser esa que vibro debajo de mi y que en algún momento recostó su cuerpo cansado sobre el mío.
De  repente todo cambio, ya no sucumbía a mis artimañas y eso me llenaba de rabia, ella lo quería muchísimo más que yo, entonces ¿Por qué me negaba? Seguía poniéndose nerviosa cuando se lo pedía, seguía mordiéndose los labios para contener su felicidad y aun así metía un NO forzado en medio.  Me harté. La dejé.  Sinceramente no me importaba, no era la más linda, no era la más rica, no era la más buena. La olvidé, la devolví al punto donde siempre estuvo: en la nada. Ella pareció olvidarme también tomándolo mejor de lo que lo esperaba, pero nuevamente no mucho me importaba y así hice mi vida y aparentemente ella la de ella aunque bastante lejos de mi o yo de ella.  No sé cómo, no sé cuando, pero sé que un día uno de esos que sabes que hay pero que no crees que lleguen una que más o menos quise, me engaño con uno de los que parecían ser mis amigos. Un viaje por diversión se había sido arruinado por una zorra que había lastimado mas mi orgullo que mis sentimientos, pero aun así en cierto modo me dolía y me dé derribaba. Me impedía salir con los demás a disfrutar de lo que podía ser los últimos días en que estaríamos todos juntos.
“mírala”

You let her go (1)

un pantalón corto y unas cuantas lagrimas en aquellos ojos que no querían llorar hicieron que una petición inmadura fuera  fácil de realizar.
La bese por primera vez cuando halo de mi camisa en un intento fallido de despedirse, me fui y la deje en un shock hábilmente disimulado que yo pude ver en sus ojos. Solo me fui de ahí, pero no del lugar, no recuerdo que paso que me quede allí. la vi nuevamente ya con los ojos secos y un tímido rubor que pedía que la besara de nuevo, accedí ¿por que? realmente no lo se, ta vez fueron esos shorts que realzaban el trasero que nunca le había visto o quizás un leve deseo que habitaba dentro de mi, tan dentro que siquiera sabia que estaba allí y que ese día con esa luz, con esa tristeza en carne viva no podía ser el mismo cretino que había sido con ella desde que la había conocido o simplemente podía ser por  la petición estúpida de quien la había hecho llorar esa noche de que la pasara con ella. esa noche  estuve prendado a su trasero sabiendo que ella quería que lo estuviera de su mano, pero eso significaría mas de lo que debía ser... no me atrevía a mas. unos cuantos besos alejados de la gente en una noche sentados en un capot   de un auto ajeno, escuchando chistes y riendo, siendo felices. De vez en cuando la miraba de reojo otras veces la miraba de lleno notando un brillo que dejaba dicho que ese día sin lugar a dudas era su día.

A esa niña la veía siempre, todos lo días, pero, nunca como la había visto esa noche. Los otros lucia como alguien mas, completamente diferente y algo mas bajo que lo regular, desaliñada e infantil con ese brillo molesto de juventud y cierta idiotez o eso era cuando no me veía, en esos momentos ella se llenaba de una agonía  y se apagaba toda por unos segundos, los segundos que duraba creyendo que me veía a escondidas. nunca hablamos sobre lo sucedido, ese tema se había hecho tabú entre todo los presentes, entre ambos un pecado y para mi... una ridiculez, un acto ilógico causado por una serie de situaciones. si le dirigía la palabra solo fue para humillarla una y otra vez, era un blanco fácil y el saber que me amaba tal vez era lo causante de mi disgusto hacia ella; su eterna mirada incesante en busca de algo que no quería darle; su existencia débil y patética esa usa que odiaba quizás por no ser la otra, esa mas madura y fiera y lo mas probable la castigaba por eso. Ella fue acumulando el odio, cultivándolo y encerrando  dentro de su corazón con llave ese amor que antes solía gritar sin vergüenza al mundo, me olvide.
ahora solo solía ser una sombra, una existencia vacía mas que brillante, en cierto modo ella ya había cambiado, no decía cosas estúpidas al azar, ya no me miraba constantemente, ya su mirada no buscaba la mía en cambio la evitaba como el diablo a la cruz y eso sinceramente me hacia sentir bien, me daba calma y me llenaba de un alivio culpable que me gustaba.
"ya no estaba más, no la veía más"   

martes, 28 de enero de 2014

El laberinto del cuento

un ticket en el suelo 
el ticket pasajero,
de solo ida... no vuelta
un camino forrado de hojas anaranjadas 
ortigas que arden si las tocas.

Aguanta la respiración y corre.

 El grito ahogado de la otra esquina
aun persona arriba
de un tejado rojo
lleno de moho.
Las piernas ardiendo
cesaron, calmaron
la voz que gritaba no estaba.
El ticket en la mano
apretada, sangraba
teñía color de rojo.
Se corría y corría 
buscando salida
no se hallaba, no se encontraba
y el corazón en el que me hospedaba
latía, latía
y a mi me dolía tener que partir.
El ticket rojo en mi mano manchada
con el sudor de este cuerpo
 el laberinto del cuento
el laberinto del cuento.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Unas cuantas reglas de convivencia

Hay cosas que el ser humano debería saber de antemano, que son las reglas de oro según mi criterio:
No le hagas al otro lo que a usted no le gusta que se le haga, pongase en el lugar del otro si a usted no le gusta que le den pues no le de al otro ¿ o que cree? ¿que al otro le gusta? (Se dan sus casos)

En eso entra el tema de la escucha, como tanto a usted le gusta que le escuchen to su pluma e' burro entonces aguantese la ajena como los otro se aguantan las suyas.

RESPETE LA OPINION AJENA. Si el otro le gusta el rosado y a usted el azul cual es la necesidad de cargarse en el rosado solo porque a usted no le gusta, pienselo analicelo a usted (me imagino) no le gusta que se caguen en su artista favorito o en lo que sea que a usted le guste. Si a usted no le gusta lo del otro entonces usted solo dice: a mi no me gusta.

Ahora después de saber estas cuantas reglas de convivencia pacífica usted decide.

sábado, 19 de octubre de 2013

una pared.

la vida es como una pared de escalada: uno aveces mientras subes das malas pisadas que te hacen retroceder, aveces te caes o terminas de cabeza pero siempre, siempre hay que seguir subiendo.

jueves, 26 de septiembre de 2013

lo que queria (2)

Que tan difícil puede serle a una persona darse cuenta de que es supremamente deseada? pero no de la manera en la cual este cree sino de otra, talvez mas cálida o mas agresiva. Con lo barato que son los besos ¿por que no me callas con uno de esos? ¿por que no mientras me tomas acaricias mi cabello sudado y me miras fijamente? No te pido que me comas besos o me hagas en amor estilo novela (aunque no esta de mas soñarlo) ni que seas en la cama un letargo de almíbar tan solo pido que me veas y me desees como yo lo hago.

¿que tan complicado es que notes en mi forsada mirada que te deseo o mas bien que deseo que me veas como a un humano?

Pero el hecho es que si te has dado cuenta y por eso te haces el que sabe nada

lunes, 9 de septiembre de 2013

miedos absurdos

aveces me aterro de maneras inimaginables pensando que al postear un sin número de estupideces como una total desconocida ante los ojos del lector venga un desalmado sin creatividad, robe mis pensamientos y gane dinero sucio a costa de mis sentimientos...

sin dejarme mas salida que resignarme a la idea de que es un mundo frio donde el mal prevalece sobre los justos y personas que no saben como patentar algo.
aveces hay que tener miedo de aquellas personas astutas, o mas bien hay que temerle a la propia ignorancia.

viernes, 6 de septiembre de 2013

lo que quería

todo lo que quería era abalanzarme a el aprovechando la privacidad que nos  brindaba ese ascensor, enredando los abrazos alrededor de su cuello y comiéndomelo a besos con mutua pasión... eso era lo que quería, pero, ya tenia lo que necesitaba... su mirada.

jueves, 15 de agosto de 2013

Mientras no nos ves

No era más que un día normal donde llovía a cantaros y no encontraba más que hacer que pararme en una ventana junto a mi querida maría donde veía los autos que se aparcaban fuera del orfanato, con las ganas de que una de esas personas con sus abrigos y sombrillas de colores sombríos me adoptaran, aunque no pase mucho tiempo sentada en esa triste ventana viendo una triste y deprimente vista o más bien visualizando un sueño lejano pero que por fin había llegado por mas imposible que se viera puesto que contaba con 8 años y los padres regularmente prefieren de menos edad. La primera vez que los vi no estaba tan sorprendida ya que no era más que un par de padres que por razones no tan obvias no tenían hijos. la madre: teffy, usaba unos lentes más grandes que su propia cara y un vestido ceñido de animal print y resaltaba su delgada y bella figura dándole razones para no querer embarazarse y comía una goma de mascar de forma molesta mientras le hacía vueltas a su rubio cabello, en cambio, el padre no era más que un miserable señor de algunos 30 y algo que se dejaba notar en su rostro que una putilla lo había embaucado y ahora se encontraba en esa situación aunque detrás de su  amargo rictus estaba una risilla indescriptible

el hogar era un favorable departamento en la ciudad, donde me quedaba a jugar con maría y las únicas muñecas que teffy me había obsequiado, las semanas pasaban y ya me había  acostumbrado a la vida casera puesto que no era muy diferente a lo que solía ser y entonces ocurrió, padre tomaba un año sabático y teffy trabajaba como ocho horas al día dejando a padre y a mi sin cuidado materno, aunque esta no tenía ni la M de maternal pues prestaba más atención  al retocado su bronceado y sus extensiones de cabello  que a lo que padre me ensañaba en el hogar. No era la primera vez que teffy nos dejaba solos en la casa ni la primera vez que padre me miraba extraño. Ese día tomaba una ducha y aprovechaba para lavarme el cabello cuando de repente escuché el leve rechinar de la puerta que se abría, me tense como era de esperarse pero el susto me lo lleve cuando sentí sus manos en mi cara tapándome la  boca para que no gritase y mis ojos para que lo no viera aunque su aroma masculino lo delataba, pero era tal el susto que apenas podía hablar y mucho menos gritar. Acaricio mi brazo y saboreo con su lengua mi cuello húmedo entonces me soltó y mire atrás viéndolo completamente mojado con tan solo unos calzoncillos y una camiseta. Puso su dedo en la boca indicando que hiciera silencio, bajo su mano y la llevó a mi entrepiernas abriéndose espacio en aquella zona, acaricio y jugo a su antojo mientras lamia mi rostro tan solo dándome beta a retorcerme ante su tacto.

Tanto me había acostumbrado a la vida familiar como a las tardes sin teffy y a las llamadas a mi cuarto cada día. Tocaba a mi puerta de manera particular dándome la señal de que debía desvestirme y esperarlo como un perro a su amo: de rodillas contra la cama, entonces se saboreaba y lamia toda mi columna vertebral, me toqueteaba toda y luego se marchaba. Así sucedía por lo menos semanal pero esa tarde en la que teffy discutió con padre no quise abrir cuando llamo a mi puerta, estaba cansada y soñolienta pero eso le importo 0 abrió con su llave y me miro de manera férrea.
- como te enseñe – me ordeno sin déjame de otra que sucumbir ante sus deseos, me despoje de la bata y descubrí mi cuerpo plano, pero eso no le valía y a diferencia de otras veces escuche despaldas como padre se desabrochaba el cinturón, bajaba su cremallera y me rozaba con su miembro eréctil mis partes inferiores. Abrazaba mi dimito cuerpo mancillando y besando cada parte de él como si este fuera suyo para después ponerme de frente a él haciéndome ver su mirada sombría y deseosa. Se lleno la boca de mis virginales labios e introdujo su lengua atreves de los mismos, bajo la mano y jugo un rato por ahí hasta que me cerro nuevamente la boca y me abrió las piernas penetrándome lentamente haciendo que me retorciera de dolor y ahí cobro velocidad y profundidad sin importarle como sangraba ni tomar en cuenta las lagrimas que se resbalaban de mis mejillas mientras que el se daba vida encima de mi pequeño cuerpo.

Mientras no nos veían padre se hacía cargo de aprovechar el nuevo cuerpo que se formaba en mi y no desperdiciaba ninguna oportunidad de hacerme saber lo mucho que le gustaba apoderarse de él, de descansar en mi crecido pecho y mancillar esas nuevas caderas. En cambio yo si me cansaba de que cada vez que se peleara con teffy fuera a mi cuarto y lo hiciera con furia así que me dispuse a contarle todo a mi supuesta madre para que así parara con mi sufrimiento pero en vez de eso – ¡calla, tonta, tú eres aquí la única culpable de todo! – fue el consuelo que conseguí departe de mi madre quien estaba muerta de rabia, impotencia y más que todo eso envidia, ella no podía soportar la idea que todo el dinero que derrochaba en su belleza era para nada ya que todas las noches donde su marido buscaba consuelo era en los brazos de su pequeña también sabía que denunciarlo por abuso no era la mejor opción pues prefería tenerlo en brazos de otra pero en casa que lejos de ella así que toda esa rabia era descargada en mí y para mi desgracia al igual que padre había encontrado la calma en sus brazos. Cansada de los castigos de teffy aprendí a comportarme dentro del infierno convirtiéndome así en el mismo diablo, volviendo todas mis desventajas en ventajas, refugiándome detrás de padre para que teffy no me hiciera daño y finalmente aprendiendo a disfrutar lo que me hacia padre.


Esa noche lo aceche y no le di la oportunidad de dar la señal que teníamos, abrí la puerta ya desnuda y dispuesta a que me utilizara, me llevo a la cama y me beso completa incluyendo lugares que no sabía que se besaban antes, había practicado una actividad que me había forzado a hacer antes y la había puesto en marcha solo para que él lo disfrutara así que me llene la boca con su miembro mientras lamia y sorbía como lo había visto en una de esas películas  que él veía antes de tocarme. Rozó su miembro húmedo por mi pecho luego se lleno la boca de ellos aplicando varias mordidas suaves  y  no procure en esconder el placer culpable que me daba entonces ahí me penetro de manera ruda pero creo que con el tiempo me fui acostumbrando a su forma y así me fue gustando que lo hiciera. Tanto como que me penetrara fuerte, me gustaba que lo hiciera con los dedos al igual que eso de tocarme donde se encontraba lo que después supe que se llamaba clítoris. Se podría decir que mientras no nos veían disfrutaba plenamente de todo lo que padre me hacia tanto como él o mas, así que lo único que impedía nuestra libertad era teffy pero esta fue más fácil de lo que pensaba solo tuve que provocarla para que me golpeara y luego hacer que padre la echara a la calle así disfrute a plenitud mis amoríos con padre hasta que un día llego alguien, un muchacho de algunos diecisiete. Tres años más que yo y descubrió a padre encima mío... y yo, descubrí nuestra libertad. El joven aunque temeroso era el hijo de un amigo de mi padre el cual desde que teffy se fue padre les dejo vivir hasta que su problema de plomería acabara, jugaba y contaba historias a aquel joven tan dulce e inocente, inocencia que no poseía tanto así que un día se atrevió a tocar mi mejilla por puro accidente y aunque no era entrometido me pregunto qué tipo de relación llevaba con padre, pero no conseguí explicarle, sabía muy bien que no era una aceptada. Nos tomábamos de la mano y me hacia reír como ninguna otra persona así que ese día aproveche antes de que se marchara que padre no estaba y me escabullí en su cuarto lista para demostrarle mi agradecimiento de la única forma que mis padres me habían enseñado – él y yo no tenemos nada que importe – le dije mientras me metía en su cama, al joven se le hizo una sonrisa y acaricio mi cara con su pulgar entonces me beso en la boca y me hizo el amor tan despacio y placentero que no supe después cómo puede regresar a mi cuarto. Por juzgar la cara que tenia padre lo que me esperaba no era buena, se paró de mi cama y se me acerco propinándome una bofetada usando como excusa el hecho de que le era infiel con el joven entonces me tiro en la cara con fuerza inhumana penetrándome tan fuerte como nunca lo había hecho: sin caricias ni besos solo sexo violento – ese es tu castigo – dijo mientras me ahorcaba. Así fueron las otras noches pero prefería hacerlo así con tal de pasar entonces los días cerca del joven que tanto calor me brindaba hasta que esa noche padre me hizo chillar muy fuerte y no exclusivamente por la forma en la que me hacía el amor si no por los golpes que me propinaba esos que le pedía que me diera y tome el abre cartas que tenia bajo la almohada pidiéndole que me rasgara con él, también rogándole que me penetrara a un más fuerte y violento y ahí se lo clave – creíste que todo fue de gratis, que iluso – fueron las últimas palabras que mi amado padre escucho antes de que llegaran los invitados de la casa asustados por los gritos y siendo testigo de la escena que había planeado durante años junto a maría esperando pacientemente el día que alguien llegara y pudiera presenciar tal escena. Tome a maría en brazos, mi preciada muñeca y juntas por fin obtuvimos nuestra libertad mientras que ellos ilusos me acurrucaron y creyeron todos mis llantos sin saber que esa noche fue una de las mejores que había pasado junto a mi mejor amante.