Hoy...
Hoy después de estar con mi maravilloso esposo, me fue inevitable pensar en mi primera vez.
Últimos días de mi periodo. Ya cuando no dejas ningún rastro en tus bragas pero aun así con temor al desastre te pones un protector diario sabiendo lo que vendría después.
Sentada en la cama mientras con la mirarda perdida entraba en un recuerdo tan lejano que cualquiera hubiera olvidado, peor no yo. No ninguna mujer.
O eso quisiera creer.
Con el cuerpo aun mojado después de la ducha y las bragas nuevas en mis rodillas pensando en lo que ahora sabía y antes no.
Nadie me había preparado para lo que realmente significaba tener sexo. Aun te contarán, lo leyeran, o lo vieras... yo al menos no estaba preparada para que mi cuerpo se rompiera.
Para que llegara sola en un taxi, con mi entrepierna irritada, aun sentida del acto que a suerte de pocas había sido delicado y con cuidado. Sin embargo al llegar a mi propio baño y encontrar mi ropa cubierta en sangre.
No aquella sangre que anunciaba qué mi cuerpo se había preparado apra recibir una vida, no los machotes viscosos a los que estaba acostumbrada.
Era sangre roja, fresca y perfectamente líquida manchando a través de mi ropa interior hasta mi pantalón.
Nadie me había dicho que andaría unos días aun sentida de un acto que muchos venden como algo mágico y fenomenal.
Nadie me había dicho que tenia que romper mi cuerpo con la finalidad de dejar que alguien entrará en el. Que sangraria por una herida abierta que no tenía tratamiento alguno más que el resistir en silencio.
Hoy, podía llamar a mi esposo y pedirle que trajera aquel protector para mi.
Pero en aquel recuerdo solo podía lavar mi ropa en secreto y caminar como si nada hubiera pasado.
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